sábado, 24 de febrero de 2007

Mis amigas las plantas

Hubo un tiempo en que las ciencias de la naturaleza se estructuraban por reinos, reservando una de sus coronas para el vegetal.
Siempre pensé que clasificaciones de ese tipo trazaban fronteras infranqueables entre las diferentes especies vivas, como en el medievo los reinos delimitaban fronteras y vasallajes.
Todo en la naturaleza depende de lo que le circunda; los seres vivos precisan del sol y de las sombras, de la lluvia, de la tierra e incluso de otros seres vivos para su subsistencia.
Una parte de esos seres vivos, aquellos que estudia la botánica o fitología, está constituida por las plantas, las algas y los hongos.
Las plantas. Esencia muda de la existencia del ser humano.
Captan la energía solar, generan el oxígeno que respiramos, son fuente de nuestro alimento, tratamiento de nuestras dolencias, elemento decorativo de nuestras casas y jardines y componente básico de los tejidos que usamos.Son manifestación externa de los sentimientos humanos y estímulo de sus sentidos. El lenguaje del amor se expresa con flores; con ellas damos la bienvenida a los que nacen y despedimos a los que mueren. Nos embriagan sus aromas, colores y sabores y hay quienes dicen que son sensibles a las palabras de afecto y a la música.Algunas plantas acarician el cielo con su copa; otras son imperceptibles al ojo humano. Apenas hay espacio que se les resista. Sólo las grandes alturas les niegan acomodo en su lecho.

viernes, 23 de febrero de 2007

Mis amigas las mariposas


Miramos con los ojos, pero no siempre vemos.
Intuimos que algo es hermoso, pero no dedicamos a su contemplación el tiempo necesario para concluir las razones de tal belleza.
Pongamos el ejemplo de las mariposas. Nadie se atrevería a negar las cualidades estéticas de estos insectos y sin embargo pocos son los que han dedicado unos minutos de su existencia a gozar con detenimiento de sus formas y colores.
He visto a las mariposas, en sus danzas nupciales, elevarse hacia el cielo en un
vuelo perpendicular casi imposible, hasta desaparecer del campo visual; las he visto desperezarse, al calor de los primeros rayos de sol de la mañana; he pasado horas inmóvil, compartiendo sus espacios, hasta que confiadas me han permitido hurtarles una imagen.
Y después de tanto tiempo de convivencia pacífica, entiendo que algunos denominen admirativamente a los lepidópteros "princesas".
Mas de 150.000 especies de mariposas sobrevuelan los espacios del planeta; de ellas, 2.000 habitan en la península ibérica.

A las que tienen hábitos nocturnos se las denomina vulgarmente polillas. Quienes viven en entornos rurales pueden descubrirlas al amanecer durmiendo profundamente entre las irregularidades de un muro, al amparo de una fuente de calor artificial. Se entregan con tanto gozo a los placeres de Morfeo que, en ocasiones, tocándolas suavemente, caen al suelo y allí continúan su plácido sueño; en otras, despiertan sobresaltadas y emprenden un nervioso y precipitado vuelo hacia lugares sombríos en los que continuar su descanso.
Cuenta el poeta romano Ovidio que la metamor
fosis era un privilegio reservado a los dioses. Observando esa milagrosa capacidad de transformación que poseen las mariposas o imagos cabría preguntarse si estas criaturas están hechas de la misma esencia que la divinidad.
Cómo si no explicar el mágico proceso de desarrollo en el que la oruga va dejando con cada muda su pasado hasta que, ensimismada, aislada en sí misma, sumida en la plena inmovilidad y serena tranquilidad de la crisálida, inicia la milagrosa transformación que la convertirá en una maravillosa criatura alada, nacida para asegurar a través del amor la preservación de la especie.
Buscad el lugar y la ocasión donde poder observarlas; analizad sus enormes ojos compuestos, la probiscide, en forma de espiral, que ocultan durante el vuelo y desenrrollan golosas cuando las flores les ofrecen su sabroso néctar; descubrid los tres pares de patas que se alojan bajo su torax o
los dos pares de alas que nacen de los segmentos laterales del mismo; sabed que se sirven de las antenas para transmitir al sistema nervioso las sensaciones que perciben del mundo exterior. No os engañeis; las princesas no se visten de hermosos colores porque estén pagadas de sí mismas. No son tan vanidosas como los humanos. Utilizan la paleta por mera razón de supervivencia, enmascarándose en el entorno o sirviéndose del negro, rojo y amarillo para hacer creer a sus enemigos que fenecerán envenenados si las devoran.
El hombre pone en peligro el futuro de estas criaturas únicas cuando utiliza para la defensa de sus cultivos medios de destrucción que no discriminan entre especies.
A nadie le deseo que abandone este planeta sin haber tenido su tiempo para la contemplación de estos frágiles ángeles.