martes, 9 de julio de 2013

Avena loca (Ballueca, cogulla, cógula, racha)


Taxonomía
Reino: Plantae
División: Magnoliophyta
Clase: Liliopsida
Orden: Poales
Familia: Poaceae
Subfamilia: Pooideae
Tribu: Aveneae
Género: Avena
Especie: Avena sp.
Nombre común: Avena loca, ballueca, cogulla, cógula, racha.

Se pueden citar, entre las diferentes especies de avena, las siguientes:
- Abyssinica
- Barbata
- Byzantina
- Brevis
- Fatua
- Hirsuta
- Maroccana
- Nuda
- Occidentalis
- Pubescens
- Pratensis
- Sativa
- Sterilis
- Strigosa

Una primera distinción que procede hacer, entre las diferentes especies de avena, es aquella que separa las que son provechosas para el consumo animal o humano de aquellas que constituyen auténticas plagas para el agricultor. Dentro de estas últimas, pueden citarse la avena sterilis (con las subespecies ludoviciana y macrocarpa), la avena fatua y la avena barbata, mientras que, entre las primeras, hay que referirse a la avena sativa y a la avena byzantina.
La avena ha sido cultivada por el hombre desde la Edad de bronce. Aunque se utiliza mayormente como forraje animal, lo cierto es que a este cereal se le atribuyen excelentes propiedades gastronómicas, ya que es rico en proteinas, minerales, grasas y vitaminas. Contiene más de un sesenta por ciento de grasas no saturadas y el resto de ácido linoleico; es rico en vitaminas de la familia "B", en minerales como el fósforo, el hierro, el cobre, el potasio, el cálcio, el zinc, etc y contiene abundante fibra; además, favorece la función diurética, es energizante, ligeramente laxante y antiestrés.
La avena loca tiende a colonizar cultivos de cereal, a los que les hurta nutrientes, recursos hídricos y espacio vital, por lo que constituye una auténtica plaga, difícil de erradicar. Se reproduce por semilla.

miércoles, 26 de junio de 2013

Los fotógrafos de la revolución mexicana

Revolucionario con su winchester en un tren. Autor: Agustín Víctor Casasola.


La de México, la revolución más fotografiada.
La mexicana fue una revolución fotografiada –y filmada- en directo. Centenares de objetivos siguieron, minuto a minuto, el día a día de un conflicto bélico repleto de héroes y villanos. Todavía hoy, muchas de las instantáneas tomadas en aquél entonces continúan siendo iconos colectivos.
Todo revolucionario que se preciara debía tener sus propios fotógrafos de cabecera, hasta el punto de que algunos de los protagonistas de aquél sangriento drama llegaron a confundir, en determinados momentos, ficción y realidad.
En la cohorte de Pancho Villa figuraban periodistas e intelectuales. Los medios de comunicación le fascinaban de tal modo que rara vez rechazaba una entrevista.
Según el crítico de cine Valdemar Ayala Gándara, en 1913 Pancho Villa organizó una subasta en la que ofreció a las compañías cinematográficas norteamericanas la posibilidad de filmar sus batallas.

Emiliano Zapata. Autor: Antonio Garduño.

La Mutual Film Corporation, compañía que produjo algunas de las más importantes comedias de Charles Chaplin, compró los derechos a cambio del 20 por 100 de los beneficios de distribución, abonándole un anticipo de de 25.000 dólares, que invirtió en adquirir armamento.
Las escenas que se grabaron del conflicto mexicano fueron distribuidas por todo el mundo. Tal fue el éxito obtenido que la productora decidió hacer una película mezclando escenas reales y de ficción. Se tituló “The life of General Villa”.
Aún cuando en principio iba a ser dirigida por Griffith, el rodaje de “El nacimiento de una nación” le apartó del proyecto, siendo realizada finalmente por Christy Cabanne. El propio Villa era el protagonista del film, salvo en las escenas de juventud, que fueron interpretadas por Raoul Walsh.
No se sabe si fue con fines publicitarios, pero lo cierto es que se difundió la especie de que Villa aceptó combatir únicamente durante el día para que los cámaras dispusieran de luz suficiente, o que, si tenían que repetir alguna escena, los villistas no dudaban en embutirse los trajes de los cadáveres enemigos para recrear la secuencia. Lo cierto es que la desaliñada manera de vestir de Villa no gustaba a los productores americanos, que terminaron engalanándole con un bonito uniforme.
Entre los fotógrafos que siguieron las andanzas de Pancho Villa pueden citarse a los hermanos Cachú o a John Davidson Wheelan; Sara Castrejón, primera fotógrafa de la revolución, Cruz Sánchez y Armando Salmerón fotografiaron a las tropas zapatistas y Fernando Soto y Jesús Abitia a los carranzistas.
Entre la pléyade de fotógrafos que documentaron la revolución méxicana, dos merecen especial atención: Agustín Víctor Casasola y Hugo Brehme.
Aún tratándose de un fotógrafo menor, Casasola tuvo la habilidad de crear una de las primeras agencias de fotografía del mundo, la “Agencia Fotográfica Mexicana”, que en 1912 pasó a denominarse “Agencia Mexicana de Información Fotográfica”. Hasta 483 fotógrafos llegaron a colaborar con su agencia.
Casasola llegó a atribuirse la autoría de imágenes capturadas por otros autores, incluidas las de su hermano Miguel. Se tiene constancia de que borraba en los negativos los nombres de los titulares de las fotografías, sustituyéndolos por el suyo.
A pesar de este comportamiento poco ético, lo cierto es que su agencia suministró material gráfico a periódicos de todo el mundo y que tuvo la acertada visión de constituir en 1900 el denominado “archivo Casasola”, que terminaría convirtiéndose en su auténtica obsesión.
Llegó a acumular un fondo de casi medio millón de fotografías, que en la actualidad se conservan en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, en Pachua, en el Estado de Hidalgo.
A Hugo Brehme, de origen alemán, se le considera el mejor fotógrafo de la revolución mexicana. Llegado a México en 1905, en 1908 se instaló en Veracruz y en 1910 abrió un estudio en ciudad de México. En 1911 se integró en la agencia de Casasola.
Fotografió la Decena Trágica de 1913, la estancia de Zapata en Morelos o la intervención de Estados Unidos en Veracruz. En 1923 publicó “México pintoresco”, un clásico de la fotografía mexicana en el que se recogen 197 obras suyas, de gran fuerza poética.
Además de todos los citados anteriormente, fueron muchos otros los fotógrafos que recogieron para la historia impresionantes imágenes del México revolucionario.
Cabe citar, a título de merecido reconocimiento, a Miguel Casasola, Gerónimo Hernández, Manuel Ramos, Homer Scott, P.C. Schockey, Heliodoro Juan Gutierrez, Antonio Garduño, Félix Miret, Sabino Osuna, Walter H. Horne, Samuel Tinoco, Hartfort H. Miller, Robert Ruyon, Antonio, Guillermo y Benito Rousset, Cruz Sánchez, Eduardo Melhado, Ignacio Medrano Chávez, Jesús H. Abitia, José Mora o los hermanos Cachú, entre otros.

Las soldaderas o adelitas.
En la historia de la revolución mexicana, los fotógrafos prestaron especial atención a las soldaderas, sacrificadas mujeres que, con los pies descalzos, caminaban al costado de los orgullosos combatientes masculinos que se desplazaban a caballo, protegiéndose del sol con sombreros de ala ancha.
A ellas les correspondió transportar los bultos y las armas, conseguir alimentos, cocinarlos, cuidar de los heridos y, en muchos casos, soportar la violencia sexual que ejercieron sobre ellas sus machistas compañeros.

La adelita. Autor: Gerónimo Hernández.

De hecho, se lloraba más la muerte de una yegua que la de una soldadera.
El propio Pancho Villa siempre trató con crueldad y desprecio a las mujeres. Aunque en 1946 el Congreso mexicano reconoció a Soledad Seáñez Holguíz como su legítima esposa, se sabe que contrajo matrimonio al menos setenta y cinco veces.
Aunque únicamente se les reservaban tareas de retaguardia e intendencia, muchas de estas mujeres se batieron en el frente, alcanzando gran notoriedad. Es el caso de la Cucaracha, María Pistolas, Petra Herrera, la Coronela, Margarita Neri, Rosa Bobadilla o la Tigresa.
Fruto de la unión de una de ellas, Manuela Oaxaca, con el revolucionario de origen irlandés Francisco Quinn, nació Anthony Quinn, gran actor que, en 1952, interpretó el papel de Eufemio Zapata, hermano mayor de Emiliano (Marlon Brando) en la película de Elia Kazan “Viva Zapata”.
Otra, llamada Adela Velarde, conocida como la Adelita e inmortalizada por el fotógrafo Gerónimo Hernández, cuidó en 1914 del soldado herido Antonio del Río Armenta, quien se lo agradeció componiendo el famoso corrido que lleva su nombre:
“Si Adelita se fuera con otro
la seguiría por tierra y por mar,
si es por mar en un buque de guerra,
si es por tierra en un tren militar”.


La cámara también estaba presente cuando asesinaron a los héroes de la revolución.
Los auténticos héroes de la revolución mexicana fueron los cientos de miles de ciudadanos anónimos que perdieron la vida en ella.
Se estima que murieron un millón de personas durante el proceso revolucionario.
Otros autores elevan la cifra a dos millones, incluyendo en ella, además de a los muertos violentamente, a los que perecieron víctimas de las hambrunas y epidemias.
Para imaginar la magnitud de la tragedia baste decir que, de una población de quince millones de individuos, casi el ocho por ciento pereció a causa de este conflicto.

Ejecución. Autor desconocido.

El 22 de febrero de 1913, el Presidente Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez fueron asesinados tras el golpe de estado perpetrado por el comandante Victoriano Huerta. Trasladados en automóvil al Palacio de Lecumberri, el Mayor Francisco Cárdenas le descerrajó un tiro en la cabeza al Presidente cuando estaba descendiendo del vehículo; Pino Suárez trató de escapar inútilmente, recibiendo trece disparos en la cabeza. El fotógrafo Manuel Ramos dejó constancia de los sentidos homenajes que ciudadanos anónimos rindieron a su presidente en el lugar del crimen.
Emiliano Zapata murió víctima de la traición del Coronel Jesús Guajardo. Este individuo, miembro de las fuerzas constitucionalistas, le anunció al líder revolucionario la intención de unirse a su bando. Acordaron encontrarse en la Hacienda de Chinameca, en Morelos, el 10 de abril de 1919.

Cadaver de Emiliano Zapata exhibido en Cuautla. Autor: José Mora.
Cuando Zapata llegó al lugar convenido, un soldado hizo sonar el clarín con el falso propósito de que las tropas le rindieran honores; en realidad era la señal convenida para asesinarlo. Francotiradores apostados en la azotea de la hacienda abrieron fuego contra el líder revolucionario, acabando con su vida.
Todavía se conserva la película del funeral y entierro de Zapata en Cuautla, Morelos. El fotógrafo José Mora aprovechó el acto fúnebre para realizar una magnífica instantánea del cadáver de Zapata, rodeado de sus seguidores.
El 20 de julio de 1923, Pancho Villa viajaba en automóvil hacia su finca de El Canutillo. En la ciudad de Hidalgo del Parral, en el Estado de Chihuahua, unos asesinos lo acribillaron a balazos; también pereció en la emboscada, entre otros, el Coronel Trillo. Se dice que la orden la dio el entonces Presidente Obregón.
Casasola dejó constancia del suceso, tomando una instantánea del crimen con los cadáveres todavía en el vehículo en el que habían sido asesinados.
Unos años después de su muerte unos desconocidos profanaron la tumba de Villa seccionándole la cabeza. Unas fuentes atribuyen el acto a unos soldados borrachos mandatados por Obregón; para otras, fueron unos gringos que, en el lugar del vandálico acto, dejaron el siguiente letrero: “Nos llevamos la cabeza del bandido”.
Se dice que el magnate de la prensa norteamericana Hearst pago 5.000 dólares por tan tétrico trofeo.
Asesinato del General Francisco Villa y del Coronel Trillo. Autor: Agustín Víctor Casasola.

miércoles, 5 de junio de 2013

Blaps gigas (Escarabajo de los desperdicios)


Taxonomia
Reino: Animalia
Filo: Arthropoda
Subfilo: Hexapoda
Clase: Insecta
Orden: Coleoptera
Suborden: Polyphaga
Infraorden: Cucujiformia
Superfamilia: Tenebrionoidea
Familia: Tenebrionidae
Subfamilia: Tenebrioninae
Genero: Blaps
Especie: B. Gigas
Nombre binomial: Blaps gigas
Nombre común: Escarabajo de los desperdicios

Los tenebriónidos del género blaps son, de entre los que pueblan el continente europeo, los de mayor tamaño. Se conocen más de doscientas especies, de las cuales las nueve que se consignan a continuación están presentes en la Península Ibérica:
- Gigas.
- Hispánica.
- Lugens.
- Lethifera.
- Nittens.
- Waltli.
- Mucronata.
- Tichyi.
- Lusitanica.
El blaps gigas coloniza el sur de Europa y el norte de África.
Es un escarabajo de intenso color negro y longitud inferior a los treinta y ocho milímetros. Se oculta en las oquedades de las piedras y se alimenta de restos orgánicos, como fruta y hojas en proceso de descomposición, e incluso de carroña.
Es un insecto fácil de capturar, ya que se desplaza con lentitud. No obstante, para protegerse de sus potenciales enemigos, desprende un olor muy desagradable.

jueves, 30 de mayo de 2013

Buteo jamaicensis (Aguila de cola roja. Gavilán colirrojo)


Taxonomia
Reino:  Animalia
Filo: Chordata
Subfilo: Gnathostomata
Superclase: Tetrapoda
Clase: Aves
Orden: Accipitriformes
Familia: Accipitridae
Subfamilia: Accipitrinae
Género: Buteo
Especie: B. jamaicensis
Nombre binomial: Buteo jamaicensis
Nombre común: Aguila de cola roja, gavilán colirrojo.

Muy apreciado por los cetreros americanos, este ratonero, fácilmente adaptable a diferentes habitats, coloniza los territorios comprendidos entre Alaska y las Antillas. Los instalados en territorios fríos suelen emigrar hacía el sur en la época de celo.
Nidifica en árboles y en zonas rocosas. Aunque de la construcción del nido se ocupa la pareja, la incubación corre a cuenta de la hembra, que suele poner de uno a cinco huevos.
De tamaño medio, presenta una envergadura de unos ciento veinte a ciento cuarenta centímetros y algo más de un kilo de peso.
Esta especie es abundante y sus ejemplares se distribuyen en catorce subespecies. Se conocen también hibridos nacidos del cruce de lajamaicensis con otras especies del género buteo.
No presenta dimorfismo sexual.

 Taxonomia
Reino: Animalia
Filo: Arthropoda
Subfilo: Hexapoda
Clase: Insecta
Orden: Lepidoptera
Superfamilia: Papilionoidea
Familia: Nymphalidae
Subfamilia: Nymphalinae
Tribu: Kallimini
Género: Kallima
Especie: K. Paralekta
Nombre binomial: Kallima Paralekta

Genéro propio del continente asiático, son diez las especies que se integran en el mismo:

- Kallima albofasciata.
- Kallima alompra.
- Kallima buxtoni.
- Kallima horsfieldi.
- Kallima inachus.
- Kallima limborgii.
- Kallima knyvetti.
- Kallima Paralekta.
- Kallima philarchus.
- Kallima spiridiva.

Todas estas especies han desarrollado una sorprendente capacidad de mimetización con las hojas de los árboles, por lo que, con las alas plegadas, apenas pueden distinguirse de estas.
La especie paralekta, de la que se conocen las subespecies paralekta y tribonia, muestra en el envés de las alas un uniforme color marrón. Sin embargo, cuando el macho las despliega, pueden observarse unas hermosas tonalidades azul metalizado, sobre las que destaca una ancha franja anaranjada. La hembra carece de coloraciones tan vivas.
La especie Kallima paralekta es un endemismo de Java, Sumatra e Indonesia.
Las plantas de las que se alimenta la oruga pertenecen a los géneros strobilanthes y pseuderanthemum, mientras que el imago gusta de la fruta madura.

martes, 21 de mayo de 2013

Platalea ajaja (Espátula rosada)



Taxonomia
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Subfilo: Vertebrata
Superclase: Gnathostomata
Clase: Aves
Subclase: Neornithes
Superorden: Neognathae
Orden: Pelecaniformes
Familia: Threskiornithidae
Subfamilia: Plataleinae
Género: Platalea
Especie: P. ajaja
Nombre binomial: Platalea ajaja
Nombre común: Espátula rosada

Dentro del orden de los pelícanos, se integra el género platalea, a cuyos integrantes se les conoce vulgarmente con el nombre de "espátulas". Forman parte de este género las siguientes especies:
- Leucrodia.
- Minor.
- Regia.
- Flavipes.
- Ajaja.
Todas ellas comparten un pico alargado que, en la punta, se aplana y ensancha.
Están provistas de largas patas, que les permiten adentrarse en aguas poco profundas, preferentemente saladas, a la búsqueda de insectos, crustáceos y pequeños peces con los que alimentarse.
De hábitos monógamos, suelen compartir espacio vital con otras grandes aves, como las garzas y los ibis.
La espátula rosada coloniza los territorios del sur de Norteamérica y en centro y el sur del continente.
Es un ave grande, de más de setenta centímetros de altura y plumaje de coloración rosácea que gusta desenvolverse por zonas de manglar, ciénagas, bosques pantanosos, etc.


martes, 14 de mayo de 2013

Joel Peter Witkin: Permitido asomarse al interior

Autorretrato
Joel Peter Witkin nace en Brooklyn el 13 de septiembre de 1939. Sus padres se divorcian pronto, entre otras razones, por la incompatibilidad religiosa que se deriva de los orígenes judíos del padre y católicos de la madre.
Su progenitor, aunque de oficio vidriero, siente una profunda atracción por la fotografía y se la trasmite a su hijo desde la más tierna infancia. Witkin recuerda que, a la edad de tres o cuatro años, su padre ya le mostraba las imágenes impresas de los periódicos y revistas. “Mis primeras imágenes del mundo fueron fotografías”, dirá Witkin. “Sabía que me estaba diciendo que él no podía hacerlas. Le miraba y sabía que él sabía que yo podía intentarlo”.
El niño Witkin aprende tempranamente que es posible capturar y reproducir en un papel una parte del mundo que le rodea.
Pero ¿cómo es ese mundo en el que se desenvuelve Joel Peter? Podría responderse que igual que el del resto de muchachos que juegan y crecen por aquél entonces en su barrio, aunque, en el caso de Witkin, con algunas experiencias vitales singulares que, merced a su especial sensibilidad, lo marcarán para toda la vida en el terreno de lo personal y de lo artístico.
Mujer sobre una mesa.
 Por ejemplo, haber compartido el seno materno con una hermana y un hermano. A consecuencia de un aborto espontáneo, la madre pierde a la niña. Ya adulto, cuenta Witkin “Cuando viajo y en museos médicos veo un feto muy, muy hermoso, me pregunto si será mi hermana”.
O cuando, con cuatro o cinco años, sentado en el regazo de su abuela, la ve rezar el rosario. Le coge el crucifijo que tiene entre sus manos y le dice: “cuando sea mayor quiero trabajar en la fábrica de crucifijos y yo me encargaré de ser el que clave a la persona en la cruz”.
Muchos de sus biógrafos consignan que, siendo niño, presenció cómo un coche atropellaba a una niña, decapitándola. Él les corrige concretando que, a la edad de siete años, cuando iba a misa acompañado de su madre y de su hermano mellizo, fueron testigos de un accidente automovilístico en el que se vio involucrada una menor. En sus posteriores pesadillas nocturnas ve rodar a sus pies la cabeza de la muchacha; en realidad, es una simple pelota rodando por la calzada, según le relatará su madre con posterioridad.
Hombre con perro.
 Siendo adolescente, su abuela es victima de un accidente a causa del cual se le gangrena una pierna. Recuerda que “cuando me levantaba, la casa se llenaba con ese olor a café y la pierna de mi abuela, y acabé asociando el dolor con el amor”.
Fetos, cabezas rodando por el suelo, hombres crucificados, extremidades putrefactas…. Ese es el mundo interior que va construyendo Joel Peter Witkin, un mundo en el que la muerte y el amor, “el dolor y el amor”, como él mismo dice, se relacionan íntimamente. Un mundo del que también forman parte las experiencias vividas durante los cuatro años que trabaja, como fotógrafo de agencia, en la guerra del Vietnam.
Los sujetos que observa y retrata Joel Peter Witkin son criaturas deformes, hermafroditas, enanos…y cadáveres. A los primeros los localiza a través de anuncios en prensa o abordándolos en la calle para proponerles una sesión fotográfica. A los cadáveres, visitando los depósitos o sirviéndose de los empleados que se ocupan de recogerlos.
Así cuenta su actividad en México: “Me quedé cuatro días adicionales en la Ciudad de México, cuando estuve haciendo la imagen del Hombre de vidrio porque no lograba encontrar el cuerpo que requería. Cuando llegan los cuerpos traídos de la calle, existe la duda de cómo es que murieron. La gente de la calle puede ser que se la encuentre hasta días después de haber fallecido, lo cual dificulta encontrar la razón de su muerte”.
Las meninas.
 “En sus camionetas blancas, chóferes de la morgue hacen recorridos a diario para recoger cadáveres. Cuando los encuentran, éstos son lanzados sobre la camilla boca abajo. Sus narices se rompen en ocasiones, apilan hasta seis cadáveres uno encima del otro, algunos bastante inflados”.
El proceso creativo de Witkin es laborioso. Se inicia con la elaboración mental de la idea. La desarrolla en su cerebro hasta el último detalle, dibujándola sobre el papel si es necesario. Después, viene la búsqueda de los modelos y la preparación del decorado. Tras realizar las tomas, los negativos son sometidos a múltiples manipulaciones en el laboratorio.
El resultado siempre es respetuoso con el modelo, al que dignifica y ennoblece, protegiendo incluso su identidad, oculta casi siempre tras una máscara. Es tan eficaz el resultado, que, a modo de ejemplo, el observador no puede apreciar por sí mismo que las dos cabezas que, en su obra “el beso”, están dándose un ósculo, es en realidad una única testa partida por la mitad como consecuencia de la autopsia que se le acaba de practicar.
El beso.
Desde sus orígenes, el hombre siempre ha sentido curiosidad por contemplar lo que se aparta de lo habitual, de lo cotidiano.
Unos se acercan a lo diferente de manera brutal y descarnada. Es el caso de aquellos feriantes de barraca del siglo XIX, que, a cambio de unas monedas, traficaban sin compasión con las particularidades físicas de criaturas indefensas: tullidos, mujeres barbudas, gigantes, enanos… Igual que lo hacen en la actualidad algunos programas televisivos, llamados del “corazón”, que, para mejorar los índices de audiencia, desmenuzan las miserias físicas y psicológicas de sus invitados ante millones de espectadores.
Otros, como Velázquez o el Bosco, realizan esa aproximación con profundo respeto. El mismo respeto que Tod Browning siente por sus celebérrimos “freaks”, David Linch por “El hombre elefante” o Witkin por sus modelos.
Las sociedades acomodadas del primer mundo, que promueven, financian e intervienen en conflictos armados que ocasionan cientos de miles de muertos y lisiados cada año, rechazan con hipócrita repugnancia la obra de Joel Peter y la censuran sin rubor, obviando que Witkin, con sus retratos, se limita a mostrarnos a las victimas del hambre, las bombas de racimo, el napalm, el DDT o la talidomida; se limita a colocarnos frente al espejo que nos permite asomarnos al interior de nosotros mismos.
Woman in the blue hat.




LA CÁRCEL DE TORRERO DE ZARAGOZA.

La prisión provincial de Torrero se inaugura en 1928 por el Presidente del Consejo de MInistros, Miguel Primo de Rivera. Toma así el relevo ...