jueves, 30 de agosto de 2012

Medina del Campo


26 de abril de 2011. Tras pasar la Semana Santa en el Casar de Cáceres, emprendemos viaje de retorno a Zaragoza atravesando tierras castellanas.
Gozamos de una mañana benevolente. Cielo totalmente claro, sin nubes. El Valle de Ambroj se muestra en todo su esplendor, una vez superado el inclemente temporal de la semana anterior.
Breve parada en Nava del Rey, en la provincia de Valladolid, para fotografiar la Iglesia de los Santos Juanes. Las nubes reaparecen en el cielo y no nos abandonarán hasta que entremos en tierras aragonesas.
Tomamos el desvío de Alaejos, dirección Medina del Campo, donde hacemos obligada parada.
Asentada sobre tierras vallisoletanas, esta histórica localidad de algo más de veintiún mil habitantes, bañada por el río Zapardiel, cuenta la leyenda que fue fundada por el Rey Brigo, cuarto monarca hispano, nacido casi dos milenos antes de Cristo y, más concretamente, 399 años después del diluvio universal. Díole el nombre de Sarabris.
Desde el punto de vista histórico, se sabe que ya estaba habitada en el neolítico y que fue asentamiento de vacceos, romanos y visigodos; cuna de Leonor Urraca de Castilla, Reina consorte de Aragón tras contraer nupcias con Fernando de Antequera, y abuela de Fernando el Católico, quien matrimonió con la llamada Isabel la Católica, Reina de Castilla, que, azares de la vida, fallecería en esa emblemática ciudad el 26 de noviembre de 1504.
Declarada Conjunto histórica Artístico en 1978, destaca en Medina del Campo la Plaza Mayor de la Hispanidad, un amplio espacio rectángular que acoje la Casa Consistorial, la Casa del Peso y la Colegiata de San Antolín, entre otros destacados edificios. Zona reservada, desde el siglo XV, para la celebración de ferias y mercados, en la actualidad continúa siendo el corazón comercial de la villa.




Pero la obra arquitectónica más destacable de la ciudad y de mayor peso histórico es, sin lugar a dudas, el Castillo de la Mota, imponente edificio de ladrillo visto, magníficamente restaurado, en el que destaca una majestuosa torre del homenaje de 38 metros de altura.





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