miércoles, 19 de septiembre de 2012

Heliconius charithonia (Mariposa cebra)


Taxonomia
Reino: Animalia
Filo: Arthropoda
Clase: Insecta
Orden: Lepidoptera
Familia: Nymphalidae
Genero: Heliconius
Especie: H. charithonia
Nombre binomial: Heliconius charithonia
Nombre comun: Mariposa cebra

Se estima que son treinta y nueve las especies de mariposas que se integran en el género heliconius.
La especie heliconius charithonia está presente en el sur de Estados Unidos, Mexico, América central y los paises norteños de América del Sur, ostentando el privilegio de haber sido declarada en 1996 mariposa oficial del Estado de Florida.
Este hermoso lepidóptero llega a alcanzar los diez centímetros de envergadura, siendo sus alas alargadas e inusualmente estrechas. La coloración alar es negra con un rayado entre blanquecino y amarillento que justifica la denominación de "mariposa cebra" con que es conocida popularmente. Las antenas son finas y alargadas.
Se conocen seis subespecies:
- Charithonia.
- Peruviana.
- Punctata.
- Simulator.
- Tuckeri.
- Vasquezae.
Es de vuelo elegante y pausado y, cuando se posa, suele mantener las alas desplegadas.
Sus hábitats preferidos son la selva tropical, los pastizales y los contornos boscosos, casi siempre en altitudes inferiores a los mil doscientos metros.
La oruga se alimenta de algunas especies de plantas del género passiflora y el adulto del nectar y polen de las flores. Esta capacidad del imago para alimentarse, lo que no se da en todas las especies de mariposas, le permite disfrutar de una larga vida, que puede llegar hasta los nueve meses.
El proceso reproductivo de la mariposa cebra también presenta particularidades. Los machos suelen localizar las pupas de las hembras por las feromonas que emiten y, tras competir entre sí, copulan con aquellas cuando, recien abandonado el capullo, todavía permanecen inmóviles, a la espera de que se sequen y desplieguen las alas. Incluso llegan a romper la capsula protectora, iniciando el encuentro sexual en cuanto los órganos genitales de la hembra son accesibles.

martes, 18 de septiembre de 2012

Idea leuconoe (Cometa de papel; papel de arroz)


Taxonomia
Reino: Animalia
Filo: Arthropoda
Subfilo: Hexapoda
Clase: Insecta
Orden: Lepidoptera
Suborden: Glossata
Infraorden: Neolepidoptera
Superfamilia: Papilionoidea
Familia: Nymphalidae
Subfamilia: Danainae
Genero: Idea
Especie: I. leuconoe
Nombre binomial: Idea leuconoe
Nombre común: Cometa de papel; papel de arroz

Esta hermosa y aparentemente frágil mariposa, de unos dieciseis centímetros de envergadura y coloración blanca, adornada con puntos y líneas negras, es originaria del sudeste asiático, donde coloniza principalmente el manglar y el bosque húmedo bajo, en altitudes inferiores a los cuatrocientos metros.
Al tratarse de una especie multivoltina, los imagos vuelan durante todo el año.
Las sustancias tóxicas que metaboliza la oruga las conserva parcialmente el adulto, por lo que no es un insecto muy apetecible para sus potenciales depredadores. Esta característica le permite a la mariposa desarrollar un vuelo elevado, elegante y pausado, a sabiendas de que raramente se verá atacada por las aves.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Saladas de La Playa, de El Pito y El Pueyo, en los Monegros.


Son las 8,30 horas de la mañana del sábado 19 de febrero de 2011. Me levanto con la intención de trabajar en el ordenador. Abro el correo electrónico y veo que Fernando González Seral, compañero del Círculo Fotográfico de Aragón, asociación a la que pertenezco, ha organizado un visita a las saladas de Bujaraloz, conjunto natural único en el continente europeo.
Nos convoca en la pequeña ermita que hay en esa localidad, en la carretera que conduce a Caspe, junto a una pequeña charca, llamada la Balsa Buena.
Sin pensarlo dos veces, me visto rápidamente y tomo la AP-2, la autopista que une mi ciudad, Zaragoza, con Barcelona. Cinco euros de peaje, 72 kilómetros y una hora de viaje. La carretera enlaza con la Puebla de Alfindén, Alfajarín y Villafranca de Ebro.
De camino, observo a la derecha una enorme factoría que lanza al aire enormes cantidades de gases y humos contaminantes. Se trata de Saica, ubicada en el Burgo de Ebro. Algún día tendré que fotografiarla.
Llego a Belchite. En el lugar convenido me esperan Teresa y Fernando.
Los tres en el coche de Fernando, tomamos la carretera de Caspe y tras recorrer varios kilómetros llegamos a las saladas, entre las que se encuentran la de La Playa que, con sus seis kilómetros cuadrados de extensión, es la más grande del conjunto, y en la que todavía quedan algunos restos de la que en su día fuera una factoría dedicada a la producción de sal, que estuvo en plena actividad hasta el siglo XX.
Otras salinas que visitamos son las de El Pito y El Pueyo.
Las nubes apenas dejan pasar los rayos del sol, lo que favorece la realización de buenas tomas.
Enormes extensiones de tierra, pintadas de blanco por efecto de la sal. Paisaje lunar. Piezas calizas, algunas transformadas en alabastro. Restos de aljibes que acogen en su seno la escasa agua dulce de que disfruta la zona.
Hay que caminar con cuidado, so riesgo de que los pies se hundan en el barro.
Vegetación rastrera, endémica, adaptada al agua salitre, y, por lo que leeré después, única, pudiéndose citar la arthrocnemun macrostachium o la sarcocornia fruticosa.

También son específicas de la zona algunas especies de crustáceos rotíferos, de nemátodos y de insectos. A destacar la presencia del Eucypris aragonica, un crustáceo de un milímetros de longitud y con una concha con dos valvas, que tan sólo está presente en once de las saladas del complejo de Sástago-Bujaraloz.
Esta y otras especies de invertebrados acuáticos dejan en el barro sus huevos, especialmente adaptados para resistir cuando el barro se seca y se convierte en suelo resquebrajado, y que eclosionan cuando las saladas se inundan con ocasión de las lluvias de temporada.
Sin embargo, por mucha agua que haya, nunca eclosionan todos los huevos, de forma que, si la posterior sequía llega antes de que estos endemismos se reproduzcan, siempre quedarán huevos en condiciones de abrise cuando la benéfica agua vuelva a besar la tierra salobre. De esta forma, se evita la pérdida total de la población ante una sequía repentina.
Además, estos organismos tienen mecanismos para soportar diferentes concentraciones de sal.
Cuenta también la zona con un observatorio de aves desde el que pueden observarse especies tales como el alcaraván, la ganga ortega, el sisón, la alondra de Dupont, la terrera marismeña, la avutarda o el cernícalo primilla, entre otras.
Estas saladas formaban parte de la cubeta sin salida al mar que en el terciario, hace unos cinco millones de años, se extendía por la actual Depresión del Ebro formando un gran lago salado. Cuando el Ebro encontró salida al mar Mediterráneo el lago se secó, estando constituidos en la actualidad sus escasos recursos hídricos por las aguas que provienen de los acuíferos subterráneos y escorrentías. No obstante, a causa de la evaporación, las saladas permanecen secas prácticamente todo el año.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Linepithema humile (Hormiga argentina)


Taxonomia
Filo: Arthropoda
Subfilo: Hexapoda
Clase: Insecta
Orden. Hymenoptera
Suborden: Apocrita
Superfamilia: Vespoidea
Familia: Formicidae
Subfamilia: Dolichoderinae
Genero: Linepithema
Especie: L. humile
Nombre binomial: Linepithema humile
Nombre comun: Hormiga argentina

Según el banco taxonomico de Fauna de la Unión Europea, en España disfrutamos de dos especies del género linepithema:
- Humile, con las subespecies humile y arrogans.
- Melleum.
No hay constancia de que la subespecie arrogans esté presente en nuestro país.
Originaria del sur del continente americano, esta pequeña hormiga, de unos tres milímetros de longitud y color acaramelado, ha terminado por colonizar prácticamente todo el planeta (no ha llegado a la Antártida) merced a los movimientos migratorios humanos que se dieron durante finales del siglo XIX y al desarrollo de las comunicaciones intercontinentales habidas desde el siglo XX.
Su llegada a zonas foráneas ha ocasionado auténticos problemas ambientales, ya que allá donde se instala termina exterminando la casi totalidad de las colonias de hormigas nativas, bien por alteración de su hábitat, bien por los ataques directos a que se ven sometidas estas.
Ha de tenerse en cuenta que busca localizaciones en las que no se den temperaturas extremas y haya presencia de agua, por lo que los espacios naturales con recursos hídricos, las zonas de huerta y los núcleos úrbanos le resultan especialmente queridos. En la Península Ibérica se ha extendido considerablemente en todo el contorno meditérraneo y en el atlántico portugués, con pequeños focos presenciales en la costa cantábrica y en el interior de la Península.
Esta especie presenta las siguientes particularidades:
- Contrariamente a lo que sucede con las demás especies, que cuentan con una única hormiga reina en el seno de cada hormiguero, en los de la linepithema humile conviven varias reinas (centenares o millares en determinados casos), depositando cada una de ellas una media de treinta huevos diarios.
- Si lo habitual, en el caso de las hormigas, es que las nuevas reinas abandonen el hormiguero, sean fecundadas e instituyan un nuevo hogar, en el de la hormiga argentina, no hay vuelo nupcial ya que el proceso de fertilización y de puesta se realiza en el seno del hormiguero matriz, con la cual elimina los riesgos de ser atacada por un depredador durante el proceso de búsqueda de una nueva sede.
- Cuando es llegado el momento de instituir un nuevo hormiguero, cada reina abandona el de origen con su ejército de obreras, pero los vínculos entre ambas colonias se mantienen.
Estas características, entre otras, convierten a la linepithema humile en una de las especies más perjudiciales del planeta.
De hábitos alimentarios omnivoros (semillas, insectos, arañas, cadáveres, haces...), muestra una elevada especialización en el pastoreo de pulgones, habiéndose constatado que, en la Península Ibérica, ha establecido relaciones de este tipo con al menos cuarenta especies distintas de áfidos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Belchite viejo


Verano de 1937. En la localidad de Belchite, próxima a la ciudad de Zaragoza, se suceden duros combates que concluyen con un pueblo totalmente devastado. No diré qué bando fue el causante de la tragedia porque, setenta y cinco años después de acontecidos los hechos, esta cuestión, para los que no fueron protagonistas directos o indirectos de los mismos, únicamente debiera interesar desde el punto de vista histórico. Si se insiste en que culpabilice a alguien, no dudaré en señalar con el dedo a nacionalistas y republicanos.
Lo cierto es que, durante tres cuartos de siglo, Belchite ha sido testimonio vivo de la capacidad de destrucción del hombre.
Hoy, los muros de las casas ceden al paso de los años y a la desidia humana y sus ladrillos se esparcen y amontonan sobre las desiertas calles del viejo Belchite; el desaparecido reloj que da nombre a la torre anuncia, con sus inexistentes saetas, que el final está cerca; las torres de las iglesias de San Agustin y San Martín repican, anunciando con sus mudas campanas que el pueblo se muere por segunda vez.






Y entre tanto, fuera de las silenciosas calles de esta villa fantasma, se oyen interesados cantos de sirena entonando reiterados llamamientos a la recuperación de la memoria histórica.
Desgraciadamente, nuestra generación carece de un joven Orfeo que con sus melodías acalle tantas notas cargadas de mentira; para nuestra desdicha, no queda ningún intrépido Ulises que selle con cera nuestros oídos para que no nos distraigan  interesados discursos.
Acogiéndonos a esa memoria histórica tan repetidamente reivindicada en los últimos años por los poderes públicos, debiéramos recordarle al Gobierno de España, al Gobierno de Aragón y a la Corporación de Belchite que aquella únicamente podremos preservarla si somos capaces de conservar el patrimonio que hemos heredado de nuestros mayores y que estamos obligados a traspasar a nuestros hijos.




lunes, 3 de septiembre de 2012

Incendio a los pies del Moncayo

 

Sábado, uno de septiembre de 2012. Son las siete de la tarde cuando dejo a mi derecha la carretera de Soria para tomar la secundaria que enlaza las localidades de Bulbuente, Ambel y Talamantes.
Entre estas dos últimas localidades, a unos veintitrés kilómetros de distancia del Santuario de Misericordia, se alza un espléndido mirador que regala a los ojos curiosos que allí se asoman una magnífica panorámica de la Sierra del Moncayo, desde Monte Canteque a la izquierda, hasta el Pico de San Miguel, con 2314 metros de altitud. Entre ambos extremos, el Pico de la Tonda y las Peñas de Herrera, entre otros accidentes geográficos.
A los pies del imponente macizo, el amplio valle se desparrama generoso, vistiéndose de verde en primavera y pajizo en verano, según marca el ciclo vegetativo del cereal que los hombres vienen cultivando en el lugar desde hace cientos de años.

 El valle, con la Sierra del Moncayo al fondo, antes del incendio.

En mis salidas fotográficas, a la búsqueda de insectos, muchas otras veces he realizado idéntico recorrido.
En este entorno, en el que señorean el tomillo (thimus), el romero (rosmarinus), la lavanda (lavandula) y euphorbia, he fotografiado en el pasado, entre otros insectos, algunas mantis religiosas, dipteros de las especies dorycera y sphaerophoria y mariposas de las especies pseudophilotes panoptes, pieris brassicae o polyommatus icarus.
Hoy, lamentablemente, visito el lugar por una causa muy distinta: el incendio que el pasado día 27 de agosto se declaró en el somontano del Moncayo y que se extendió por los términos municipales de Trasobares, Calcena, Ambel y Talamantes, arrasando más de 3.500 hectáreas de terreno y llegando a poner en riesgo el Parque Natural de la dehesa del Moncayo, al que llegó una lengua de fuego que asoló unas 300 hectáreas.
Desde la misma atalaya, que otrora fuera regocijo para la vista, hoy, los verdes trazados que se abrían camino a lo largo y ancho del valle, delimitando las lindes de las distintas propiedades, y los escalones que unían las terrazas trazadas por el hombre, se muestran tristemente ennegrecidos.




Donde antaño hubiera matorral, pino y carrasca, hogaño sólo queda la negrura de la indefensa madera carbonizada y la leve consistencia de las cenizas que el cierzo de la tarde esparce por el aire, produciendo la inquietante sensación de que es el humo de un fuego que renace.


Ha muerto la capa vegetal cuyas raices aferraban la tierra al suelo. Con ella han muerto cientos, millares, de criaturas que habían hecho de aquél lugar su hábitat y las gentes que vivían en el entorno han visto peligrar sus vidas y haciendas.



Afortunadamente, la eficaz intervención de los bomberos, agentes de protección de la naturaleza, vecinos de la zona, voluntarios y autoridades evitó que la tragedia terminara convirtiéndose en una auténtica hecatombe.
Las dramáticas escenas del incendio pueden verse en esta página del Centro de Estudios Borjanos

Dramas naturales

Incendio a los pies del Moncayo