
Reino: Animalia
Subreino: Eumetazoa
Superfilo: Deuterostomia
Filo: Chordata
Subfilo: Vertebrata
Infrafilo: Gnathostomata
Superclase: Tetrapoda
Clase: Mammalia
Subclase: Theria
Infraclase: Placentalia
Orden: Carnivora
Suborden: Feliformia
Familia: Felidae
Subfamilia: Felinae
Género: Felis
Especie: F. silvestris
Subespecie: F. s. catus. F. s. domesticus
Nombre trinomial: Felis silvestris catus
Nombre común: Gato doméstico.
El gato, al igual que el tigre, el león, el gato montés o la pantera, pertenece a la familia de los felinos, cuyo representante más antiguo, el proailurus, se paseó por este planeta hace treinta y cinco millones de años.
Dentro de los felidae, se integra en el género felis, del que forman parte, entre otros, el lince, el puma o el serval.
El gato conserva intactas buena parte de las características propias de esta familia: es un mamífero carnívoro, ágil, de rápidos reflejos y cuerpo flexible, buen cazador y con los sentidos muy desarrollados. Como casi todos ellos, tiene garras retráctiles.

De pelaje suave, el gato suele pesar entre tres y cinco kilos y tener unos cincuenta centímetros de longitud, cola excluida, si bien estas características morfológicas vienen determinadas por las razas, pudiendo superar en algunas de ellas los diez kilos de peso. En cualquier caso, el macho es de mayor tamaño que la hembra.
Su ritmo cardiaco es de 150 a 180 latidos por minuto. Para preservar sus recursos energéticos duerme unas catorce horas diarias. La mayor parte de su actividad la desarrolla por la tarde/noche.
Lleva casi cien siglos conviviendo con los humanos, desde que fue objeto de domesticación en la isla de Chipre, habiéndose integrado de tal modo en su cultura que en algunas civilizaciones, como la egipcia, llegó a formar parte del panteón de sus divinidades (la diosa Bastet tenía cabeza de gato), hasta el punto de que matar a un gato se castigaba con la pena capital.
No obstante, en la Europa medieval se asoció a este animal con la brujería y todavía perduran en las sociedades modernas occidentales ciertos prejuicios, como considerar al gato negro símbolo de mala suerte.
La interrelación entre este animal y el hombre ha variado con el transcurso del tiempo, de tal modo que hasta hace poco se le utilizaba en el entorno rural para mantener alejados de los graneros y del hábitat familiar a los ratones y otros animales nocivos, pero sin que llegase a considerársele una mascota de compañía, función que se le ha atribuido recientemente.
Existen unas ochenta razas de gatos, cada una de ellas con sus propias particularidades en cuanto a la coloración del pelaje, tamaño o temperamento. El gato persa en un animal apacible por lo que es uno de los preferidos como animal de compañía.

En estado salvaje o asilvestrado, este animal es de hábitos sociales, conformando colonias con un cierto nivel de jerarquización. De hecho, los gatos callejeros, frecuentes en nuestras ciudades, pueden llegar a formar colonias de hasta un centenar de miembros, con los consiguientes riesgos sanitarios (pulgas, sarnas, rabia, tuberculosis, bartonellonosis, salmonelonis...). Los gatos no sometidos a un proceso de esterilización presentan mas riesgo de terminar convirtiéndose en gatos callejeros, al sentirse atraídos por el celo de las hembras.
Un hecho significativo de esta especie es que no se produce el envejecimiento de un modo paulatino, como sucede con el hombre, sino que se presenta bruscamente, desarrollando por lo general cataratas, pérdida del olfato e intensa fatiga y dificultad de movimientos, proceso que viene a durar un año y que concluye con la muerte del animal. Suele vivir de catorce a veinte años.
En lo relativo al comportamiento sexual, cuando la hembra entra en celo, lo que ocurre varias veces al año, emite un contínuo maullido. Los machos compiten entre sí por el derecho a copular. La gestación dura entre sesenta y tres y sesenta y cinco días y en cada parto pueden nacer hasta ocho crías.
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